A primera vista, la dieta de los puntos parece una opción sencilla y flexible: cada alimento tiene un valor numérico, tú cuentas puntos y, mientras no superes tu límite diario, “todo está permitido”.
Suena liberador, ¿verdad?
Pero cuando miramos más allá, descubrimos que este método no enseña a comer mejor, ni a escuchar al cuerpo, ni a construir hábitos. Solo enseña a contar, y ese es precisamente el problema.
¿En qué consiste la dieta de los puntos?
Este enfoque asigna una puntuación a cada alimento según su composición. Cada día tienes un total de puntos disponibles y el objetivo es no pasarlos.
En teoría, esto te permite “comer de todo con moderación”.
En la práctica, reduce la alimentación a una operación matemática y deja fuera algo esencial: la calidad nutricional y el impacto en tu salud mental y física.
El problema: contar no es aprender
La dieta de los puntos se basa en una visión reduccionista de la alimentación. Para este sistema:
- Una galleta ultraprocesada puede “valer” lo mismo que
- un plato real lleno de nutrientes y alta saciedad
Según su tabla ambas opciones “encajan”, pero el efecto en tu cuerpo es completamente diferente.
¿Qué ocurre entonces?
- Aprendes a sumar puntos, no a nutrirte
- Pierdes conexión con tus sensaciones internas
- Se refuerza la idea de “comida buena vs mala”
- Aumenta la culpa cuando te “sales del plan”
Y sobre todo, no mejoras tus hábitos ni tu relación con la comida.
El gran engaño: mismo número, impacto opuesto

Para la dieta de los puntos: igual.
Para tu organismo: abismos de diferencia.
Mismo número.
Nutrición radicalmente diferente.
Sí, puede hacerte perder peso… pero no mantenerlo
Este tipo de dieta funciona a corto plazo porque se basa en una restricción calórica significativa.
Pero como no educa, no enseña y no fortalece la relación con la comida, pasa lo inevitable:
- Hambre constante
- Pensamiento obsesivo
- Efecto rebote
- Culpa y frustración
No es que la persona falle.
Falla el método.
Tu cuerpo no quiere castigo ni normas rígidas.
Quiere nutrición, equilibrio y escucha.
Una alternativa real: aprender a comer
La verdadera transformación no ocurre contando puntos, sino desarrollando:
- Educación nutricional
- Elección consciente y flexible
- Escucha interna
- Regulación emocional
- Relación sana con la comida
- Constancia, no perfección
Porque la salud no se mide en números.
Se construye en hábitos.
Tu cuerpo merece respeto, no reglas absurdas
La alimentación no es un sistema de puntos.
Es una forma de cuidarte, nutrirte y vivir con energía, claridad y bienestar.
Si quieres empezar un camino basado en conocimiento, hábitos y equilibrio, te acompaño ✨


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