En los últimos días se ha difundido una pirámide nutricional asociada al entorno político del expresidente Donald Trump. Más allá de nombres o siglas, lo que me ha llevado a posicionarme no es una cuestión ideológica superficial, sino una profunda discrepancia con el mensaje nutricional que se transmite y con la forma de imponer modelos de salud sin matices ni base sólida.
La alimentación no puede abordarse desde el dogma, la simplificación extrema ni mucho menos desde intereses políticos. La nutrición es salud, es prevención y es calidad de vida, y merece un enfoque honesto, crítico y responsable.
Por eso he decidido crear y compartir mi propia pirámide nutricional invertida. No como una verdad absoluta, sino como una propuesta coherente con la evidencia científica actual y con mi forma de entender el cuidado del cuerpo.
Por qué no comparto la pirámide nutricional propuesta
Mi principal desacuerdo con la pirámide difundida recientemente se basa en dos puntos clave:
- La colocación de la carne roja en una zona de consumo amplio y frecuente.
- La demonización o relegación de los cereales y granos al último lugar, sin diferenciar entre refinados e integrales.
Ambos mensajes, tal como se presentan, son peligrosos por simplistas.
La ciencia nutricional lleva décadas advirtiendo de que el consumo elevado y habitual de carne roja, especialmente procesada, está asociado a un mayor riesgo de cáncer colorrectal y otras patologías crónicas. Presentarla como base de la alimentación no solo ignora esta evidencia, sino que puede contribuir a normalizar patrones alimentarios poco saludables.
Al mismo tiempo, eliminar o minimizar el papel de los cereales y granos integrales es desconocer su función esencial como fuente de energía, fibra, vitaminas del grupo B y minerales. No es lo mismo hablar de harinas refinadas ultraprocesadas que de pan integral, arroz integral o pasta integral.
Cuando la teoría no encaja con el cuerpo
Hay una pregunta sencilla que siempre me hago:
¿Cómo me sentiría yo siguiendo estas recomendaciones durante varias semanas?
La respuesta es clara: fatiga, bajo rendimiento, sensación de debilidad y desequilibrio. Y cuando una propuesta alimentaria no sostiene la energía ni el bienestar, algo no está funcionando.
La nutrición no es solo bioquímica: es experiencia, funcionalidad y adaptación al cuerpo real.
Mi pirámide nutricional invertida: el sentido del orden
Mi propuesta invierte la jerarquía clásica para reflejar qué alimentos deberían ocupar más espacio real en nuestro día a día.

🥦 La base amplia: verduras, frutas y legumbres
Son el pilar fundamental de la alimentación:
- Aportan fibra, vitaminas, minerales y fitoquímicos.
- Favorecen la salud intestinal y metabólica.
- Están asociadas a menor riesgo de enfermedades crónicas.
Más cantidad, más variedad y más protagonismo.
🥑 Grasas saludables
Aceite de oliva virgen extra, frutos secos y aguacate.
Durante años se han demonizado las grasas, cuando en realidad son esenciales para la salud hormonal, cardiovascular y cerebral. El problema no es la grasa, sino el tipo y el contexto.
🌾 Cereales integrales y tubérculos
Pan integral, arroz integral, pasta integral, patata, boniato…
Este grupo aporta:
- Energía sostenida.
- Fibra y micronutrientes.
- Saciedad y estabilidad metabólica.
Eliminarlo o relegarlo sin matices es desconectar la alimentación de la realidad fisiológica.
🐟 Pescado blanco, marisco y lácteos
Fuentes de proteína de calidad, minerales y, en el caso de los lácteos, calcio y probióticos cuando están bien seleccionados.
No son imprescindibles para todas las personas, pero pueden formar parte de una alimentación equilibrada.
🍗 Carnes blancas y huevos
Proteínas completas, accesibles y versátiles.
Su consumo puede ser regular, pero no necesita ocupar el centro del plato en cada comida.
🥩 La base estrecha: carne roja
No se trata de prohibir, sino de reducir la frecuencia.
Colocar la carne roja en la base estrecha refleja lo que dice la evidencia: consumo ocasional, consciente y sin convertirla en pilar diario.
Una reflexión final
Esta pirámide no pretende imponerse a nadie.
Es mi forma de posicionarme frente a mensajes simplificados, politizados y alejados de la ciencia. Es una invitación a cuestionar, a informarse y a escuchar al propio cuerpo.
La alimentación no debería responder a intereses económicos ni a discursos de poder.
👉 Debería responder a una pregunta mucho más simple: ¿Esto me cuida, me nutre y me permite vivir mejor?
Esa es la base real de cualquier pirámide que merezca la pena.


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